- ¿Porqué te vas?
- ¿Para qué me quedo? Sí sólo dices que te hago mal, si sólo te quejas de que siempre fallo.
- No, no te vayas, el mal tiempo me hace pedirte a gritos que me cures los miedos, yo sé que no es tu obligación, pero no habrá más quejas, daré lo mejor de mí, no es promesa.
- Tú lo has dicho; no es mi obligación.
- Te ruego no te vayas. Tanto tiempo he esperado que volvieras...
- Intenta demostrarlo quitando tus miedos, ya no seré igual no te volveré a fallar.
- No quiero volver a ver como te vas, no quiero volver a tener miedo a la noche por culpa del insomnio, tú me das vida si te vas me pierdo, me desespero te llevarás la mitad de mi ser y no podré superarte. ¡No te vayas!
- No me iré pero basta de reclamos que me matas, no me dejas acercarme, no me dejas curarte. No te volveré a lastimar... Tienes que confiar.